Carmen de Burgos, Colombine.

No sabía quién era Carmen de Burgos. Me puse a investigar a raíz la última ilustración que hizo Raquel.

Carmen de Burgos y Seguí nació en 1867, en Almería. Se casó con 16 años, y al cabo de unos años y cansada de las constantes infidelidades de su marido, y con una hija, lo abandonó. Estamos hablando de 1901, entonces, cuando no existía el divorcio (ni otras muchas opciones como el sufragio femenino) debía de decirse así. Para entonces ya había obtenido una plaza de maestra en Guadalajara.

A partir de 1902 colaboró con el periódico El Globo en el que escribía una columna titulada Notas femeninas que analizaba asuntos como ‘La mujer y el sufragio’ o ‘La inspección de las fábricas obreras’. En 1903, Augusto Suárez de Figueroa fundó el Diario Universal y la contrató para llevar una columna diaria titulada Lecturas para la mujer, bajo el seudónimo de “Colombine”, sugerido por el propio editor. Era la primera vez en España que una mujer fuera reconocida como periodista profesional. En su columna Carmen de Burgos trataba de modas y modales pero introducía ideas que ya se estaban popularizando en otros países europeos. Hizo campaña para que se legalizara el divorcio, lo que le valió la admiración de Giner de los Ríos y Blasco Ibáñez, pero ataques por parte de la Iglesia y de los sectores conservadores que buscaron desacreditarla. En 1905 consiguió una beca del Ministerio de Instrucción Pública para estudiar los sistemas de enseñanza de otros países, y viajó durante casi un año por Francia, Italia y Mónaco.3​

A finales de 1906 retomó su labor docente y periodística y lanzó una campaña en El Heraldo de Madrid a favor del sufragio femenino con una columna titulada «El voto de la mujer». A su regreso de Francia, creó una reunión semanal denominada ‘La tertulia modernista’, a la que acudían escritores, periodistas, músicos, artistas plásticos, poetas y artistas extranjeros de paso por Madrid. Allí conoció a Ramón Gómez de la Serna, entonces un desconocido estudiante de diecinueve años, veinte años menor que ella, que se convierte en su admirador. Puntualmente, todos los días iba Ramón a visitarla a su casa a las cinco de la tarde, escribían juntos y luego paseaban por los cafés de la Puerta del Sol hasta medianoche. Sobre 1909 iniciaron una larga relación amorosa y literaria.  En 1907, con la llegada al gobierno del conservador Antonio Maura, el ministro de Instrucción Pública Rodríguez-San Pedro la destinó a Toledo para alejarla de Madrid, según su biógrafa Concepción Núñez. Pero Carmen seguía volviendo a su casa de Madrid todos los fines de semana para animar la tertulia literaria que había creado.

Se relacionó con Galdós, Blasco Ibáñez, Cansinos Assens, Juan Ramón Jiménez, Tomás Morales, Alonso Quesada, Julio Antonio, Julio Romero de Torres, Sorolla, etc. Desarrolló además una estrecha amistad con la escritora portuguesa Ana de Castro Osório.

Además de su intensa obra periodística son destacables sus conferencias en el ámbito del movimiento feminista; como por ejemplo: La misión social de la mujer (1911) y La mujer en España. Entre sus novelas más populares puede citarse Puñal de claveles, escrita al final de su vida y basada en el suceso conocido como el crimen de Níjar, y que fue una de las inspiraciones con que contó Federico García Lorca para sus Bodas de sangre.

Se la considera una de las primeras defensoras del papel social y cultural de la mujer. Defendió asimismo la libertad y el goce de existir. Decididamente independiente, creyó en un mundo mejor y fue una temprana “feminista”, aunque ella odiaba ese término. No fue muy bien considerada por un importante sector de los críticos y escritores contemporáneos que en muchas ocasiones relegaron su labor y su obra reduciéndola a la condición de “amante” de Ramón Gómez de la Serna. De hecho, aunque forma parte de la nómina de la “generación del 98”, su nombre sigue sin figurar en los manuales de literatura. Otra mujer silenciada.

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Ilustración de Raquel Congosto para Piezas Azules.

En su cuento, El hombre de negro, Elvira, la protagonista, se lamenta de haberse casado con un tipejo: “Era aún la muchacha pueblerina acostumbrada a contemplar el respeto que se tributa al hombre en el hogar y su sumisión a su despotismo”

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