Poemario
Autora: Andrea López Montero
Ilustraciones: Andrea López Montero
138 páginas, 13×21 cm.
Cubierta en cartulina verjurada con solapa de 10 cm.
ISBN: 978-84-129256-0-9
Edición limitada y numerada de 300 ejemplares.
Precio de venta: 15€
La dulzura del ornitorrinco es el acto poético de dar vida, de nombrar las cosas a través de la violencia simbólica encarnada en el lenguaje y sus formas. Es la búsqueda, a veces desesperada, del ser. Es un acto de creación en su concepción más pura. El poema nace, aherrojado en el tiempo, en el acto mismo de ser nombrado. En palabras de la propia autora:
nace hecho de piel y duda, veintiocho días de gestación, diez de incubación y luego la intemperie.
A través de las páginas del libro, asistimos a la gestación (en tres movimientos), al alumbramiento y a la incubación de un universo en el que se dan la mano la vida y la muerte, el grito y el silencio, el tiempo y el olvido.
En la primera parte, durante la etapa del alumbramiento, Andrea explora el misterio de dar vida, el acto de nombrar las cosas, el milagro de ser origen y proyectarse más allá de una misma con violencia.
decidí el óvulo,
el óvulo de las rapaces.
Ovípara me avanzo en sed abierta
Pero en el acto de la creación a veces se encuentra el vacío, la interrogación:
mi vientre escaso afila sin el hijo,
el eco natural sin el murmullo,
mi cría no me nace, descobijo.
Porque los poemas de este libro son una búsqueda continua de sentido, el único modo de entender el mundo a través de la sensibilidad y el juego de hacer versos.
busco
mi letra en un papel, como si la palabra escrita fuese
cualquier cosa y mi hogar
(la letra en un papel)
la única certeza
donde poder salvarme.
Y en esta búsqueda del ser, surge la duda, el miedo:
concédete la duda,
concédete la calma toda y calla
o quizá no. Concédete el aullido.
que cuánto miedo da la identidad si la parcelas
y cómo abraza el río conocido.
Y con el alumbramiento aparecen los límites de uno mismo, la frontera infranqueable de los otros, el contexto que nos crea y da sentido.
olores son los otros:
la piel sin otra piel
solo es coraza.
A lo largo del poemario también hay espacio para el juego, para la futilidad de la adolescencia, para el recuerdo de la niñez que aún persiste.
y y río como niña entre cristales,
ocultando en la oruga la caricia
de esta caja blanca y a deshora,
Y siempre el tiempo. Porque el ser, en el acto de ser nombrado, es creado en el tiempo, y así lo percibimos desde el instante del alumbramiento.
Somos
el reloj y los pulmones.
(…)
somos casi
auxilio, tránsito, somos casi
accidente.
Yo no sé.
Mastico con mis manos los términos que uso,
supongo que más bien debe ser que veo en escafandra.
Mirar es entusiasmo, ¿sabes?
A veces se me olvida.
La autora
Andrea López Montero (Madrid, 1989). De barrio: minina con el vértigo fácil: de parto doble, la melliza desordenada. Un poco hecha en el casi.
Celebra el paso pequeño, cercano al chotis, y recuerda con exactitud que de pequeña volaba. Padece tres férreos amores: el del trazo, el de la palabra y el de las croquetas.
En 2020 publica su primer poemario, Intentar la casa, en Piezas Azules. En 2023 coordina y prologa la antología Herbarios de Amores Dulces que reúne a 36 voces imprescindibles y publica Los SinHueso, aforismos sin güito con la editorial Cuadernos del Vigía tras ganar el X Premio Internacional de Aforismos José Bergamín. Además, ha participado de revistas como Zéjel, Casa País y Ala Este y formado parte del proyecto para Injuve, Habitáculo, coordinado por Andrea Abello y Andrea Navacerrada.
Ilustraciones
Como en su anterior poemario, Intentar la casa, es Andrea la que se encarga de poner imagen a su propuesta poética, en este caso se libera de la pulcritud de los collages para apretar el trazo y trabajar las texturas y las tensiones de una manera más marcada. En este ornitorrinco aparecen varias de sus obsesiones tanto poéticas como gráficas, animalillos huidizos, hombres tijera, caricatura y exceso, con un uso marcado del negro. De alguna manera esta dulzura seca del poemario se traslada al universo gráfico del mismo: cárceles, grasa, ratones, quimeras, mujeres, tacto.
Técnica mixta: grafito y tinta.
El juego gráfico nos advierte bloque a bloque de este embarazo del ornitorrinco, donde el rectángulo va creciendo, creciendo y creciendo, con el color rojo del interior de la madre, y luego sucede el parto y el tiempo neutro de la incubación.
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Presentación La dulzura del ornitorrinco en Ámbito Cultural, junto a la poeta Andrea Abello.


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