Características
Narrativa. Novela
Autor: Álvaro Bueno Sáez
Fotografías: Patricia Lodín
178 páginas, 23×15 cm.
Cubierta: papel verjurado ahuesado con solapas.
ISBN: 978-84-129256-1-6
Edición limitada y numerada de 300 ejemplares.
Precio de venta 18€.
La obra
En el siglo XXVII, en la ciudad S., el protagonista de esta novela comienza a escribir un diario a instancias de su psicóloga como una herramienta para ayudarlo a superar una depresión. A ella se dirige cuando comienza a registrar sus pensamientos, aunque él mismo sepa que quien está llamado a comprenderse al ordenarlos y ponerlos por escrito es él mismo.
“Me has pedido que no me pregunte y que mire directamente el vaso, que haga meditación para despejar mi cabeza de dudas. No significa que vayamos a arreglar algo, pero es una forma de tirar los laberintos de mi cabeza.
― Tú no eres tus laberintos ―me dijiste.
¿Yo no soy mis laberintos?”
Pronto averiguamos que nuestro protagonista es profesor de literatura dentro de un ambicioso programa científico. Su objetivo es enseñar a sus alumnos, inteligencias artificiales, a escribir literatura de calidad.
“Las fórmulas para escribir son plantillas: los cliffhanger, los seis arcos argumentales, los mcguffin, los consejos para las escaletas… son una plantilla que hay que rellenar con algo. Ese algo está dentro de la cabeza de los seres humanos, que tienen la brutal manía de estar vivos, algo que no es tan comprensible para mis alumnos.”
Estos diarios nos irán descubriendo, por un lado, de qué forma lucha contra su propio aislamiento y retoma su relación con el mundo que lo rodea, con sus alumnos, las IA, en especial Veintidós y Once, y con sus compañeros de trabajo, David o Patricia.
“Antes de salir por la puerta me ha dicho que a veces se me nota.
Creo que se refería a que siempre estoy un poco triste o que siempre estoy frustrado. Me he quedado varios minutos solo en su casa, me he descalzado, he tocado la pared y he notado su confianza.”
Por otro, asistiremos a los avances de este profesor, que irán conduciendo a sus alumnos hasta un límite que desconocemos si conduce al éxito literario o hacia un abismo cuyas consecuencias desconocemos.
“Son demasiado felices para ser escritores. Creo que es porque lo recuerdan todo: sus datos están ahí, los consultan, vuelven al tiempo que quieran y lo reviven. Así no se puede escribir…”
La profundidad de las reflexiones que el protagonista realiza en su intimidad, así como sus prolijas referencias literarias, filosóficas y científicas, contrastan con la agilidad con que narra sus vivencias diarias en el mundo que le rodea, en las que el resto los personajes aparecen mediante diálogos en estilo directo.
“Parece una obviedad pero no siempre es tan sencillo no darle vueltas a las cosas. Hay otras en las que merece la pena buscar vueltas de rosca, hacer nudos a hilos que ya están creados o qué sé yo, hundirse en el mar semántico de conceptos para ver cómo funcionan. Pero en otras es inútil. Me recuerda el verso de Shakespeare: «lo que llamamos rosa olería tan dulcemente con cualquier otro nombre”
“― Te has vuelto a quedar pensativo ―me ha interrumpido Patricia.
―¿Cómo lo sabes? ―le digo
― Se te nota. Te quedas como mirando por detrás de los ojos. No sé, como si buscases tus pensamientos en mi cerebro.”
En conjunto, el interior y el exterior no solo dimensionan al autor de estos diarios, sino que esbozan un escenario futuro que, más que servir para ofrecer hipotéticas respuestas al presente en que vivimos, nos arroja la responsabilidad de multiplicarnos las preguntas en torno a los ejes temáticos: ¿hasta dónde se puede replicar de forma artificial lo humano?, ¿dónde está el límite de las IA?, ¿qué implica el desgarro de los sueños, de la fragilidad de la memoria, de la conciencia de la muerte?, ¿seríamos más felices si pudiéramos no morir?, ¿cómo es de engañosa la conciencia del yo?, ¿cómo de cárcel?, ¿y la conciencia de la propia felicidad o infelicidad?
“tal vez es importante que sepan que la palabra crea el pasado; los sentidos recogen agujas que marcan el cerebro y se van, y al recuerdo de su ausencia lo llamamos tiempo pero el tiempo solo es una metáfora del eco”
La experiencia de lectura también es dual. Por un lado, resulta un estímulo intelectual, pero al mismo tiempo, seduce el goce estético del tono confesional y esa suavidad de lo honesto, como si nos estuvieran aplicando una descarga eléctrica en el centro del pensamiento mientras cogieran nuestra mano y nos permitieran acariciar un cachorro de pelo suave. Nuestro intelecto y nuestros sentidos se erizan en esta obra de ciencia ficción con la que alcanzamos un disfrute total, como niños que chapotean con júbilo en un charco, sin temor a que se moje la ropa, en mitad de la tormenta.
“Al llegar a casa me descalcé y no pensé en las plantas. Noté el calor de la pared y el calor del suelo en mis pies mientras divisaba el libro de Patricia sobre la mesa. Me he tumbado en la cama cansado, embotado, sintiendo el peso de mis huesos y notando el corazón ansioso palpitar.”
El autor
Álvaro Bueno Sáez nació en Madrid en 1992.
Estudió Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Madrid y después Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid mientras trabajaba en la Universidad Autónoma de Barcelona creando la versión digital del Diccionario de ideas afines de Eduardo Benot. Después trabajó en el proyecto Panépica en la Universidad de Granada y en el proyecto COSER en la Universidad Autónoma de Madrid, hasta que fue a continuar sus estudios a Donostia, donde terminó el máster en Language Analysis and Processing en la Universidad del País Vasco.
Tiene múltiples inquietudes, como el baloncesto, la música y la poesía. Ha residido en Madrid, Granada, Donosti y Vigo. Alterna su trabajo de programador con sus preocupaciones literarias y políticas.
A veces es un tipo tímido que solo quiere estar en su casa leyendo y, otras, uno muy extrovertido que quiere conocer a todo el mundo.
Esta es su primera novela.
Las fotografías
El libro está ilustrado con fotografías en color de Patricia Lodín.
Son fotografías atmosféricas desde esa perspectiva enmarañada, distorsionada, y confusa del protagonista. De esa forma aparecen el tacto, lo vivo frente a lo inerte, los otros y el miedo, lo que se separa de lo humano aunque parezca humano, la duda, lo extraño, la soledad. La foto de cubierta está tomada de una obra de Borondo, El pueblo, que el artista realizó en la cristalera de un bar en la plaza de los Mostenses. Ya no existen el bar ni la obra de Borondo. La foto de los pies de plástico se tomó en un paseo por la exposición Espacio e identidad, en 2013, en el pasaje de Fuencarral 77. Hoy este pasaje es un Mercadona.
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Gracias por hacer que la palabra no muera en esta terrible dictadura del binomio pantalla=cualquiertipodeestimulo.
Gracias también por hacer que lo más hermoso que he visto hoy martes (salvando esta mierda de rutina en la que estoy instalado) sea un envase noventero de cocacola reciclado en hogar temporal para un esqueje de rosal. ¿Llegó a sobrevivir? Dime que sí
Aprovecho y te cuento algo que ha movido mi eje de rotación: alguien hoy se propuso hacer limpieza de mis cosas, a veces soy un poco Diógenes, acepté por no discutir y bajé la basura con dos kilos de recuerdos, aunque en el último suspiro rescaté un CD de Fabricio de André y un libro. Te juro que puede ser coincidencia o una señal, pero es el mismo libro de bolsillo de la misma editorial del mismo autor y del mismo título de la última fotografía de Modelo de escritura 354.
Besos
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