Poemario
Autora: Olga Azabal D.
Ilustraciones: Mar Azabal D.
116 páginas, 13×21 cm.
Cubierta en cartulina verjurada con solapa de 10 cm.
ISBN: 978-84-129256-4-7
Edición limitada y numerada de 300 ejemplares.
Precio de venta: 15€
Este poemario es un regalo. Un regalo delicado que nos puede romper, que viene desde lo roto.
Se trata de una lectura de indicios, a base que avanzamos en los poemas entendemos que ha habido un accidente y leemos a la hija que mira a la madre y que mira el frío, el silencio, lo injusto de quedarse con quien no está, pero está y no deja continuar. La vida intentando hacerse paso desde el daño. El poema en murmullo, sin ruidos ni artificios dejando que el blanco señale, que el silencio lo haga.
Leí que los peces
entran en un estado de congelación
para pasar el invierno.
Ahora sé que las glicoproteínas son
agentes anticongelantes celulares.
También sé que «Perlerorneq» significa
en lengua esquimal «sentir el peso de la vida».
¿Qué más podía hacer?
De alta calidad poética, es un libro simbólico que, desde el blanco, la nieve, el frío, va resignificando conceptos y provocando el asombro desde lo pequeño o cotidiano hacia lo inmenso, con un yo poético genuino que se intercala con un segundo sujeto poético colectivo, a ratos aséptico informando del frío, con un nosotras que llama al movimiento: se enuncian detalles e imágenes que nos mantienen la boca abierta, parece que nos escondemos para leer un dolor sordo y claro, asistiendo al secreto de un daño que se atisba sin llegar a cogerlo.
No hay corteza que cobije,
sendero de herida es el bosque.
El sueño del frío nos pesa
como lana de hielo.
(Ellos dicen: «Contratiempo»)
Lo hace combinando datos científicos y distancias que nos permiten volver a hacer pie hasta el siguiente hueco en blanco (secreto) que construye. Nos cuenta cómo se calificó el daño «suceso, contratiempo, tropiezo, tragedia, incidente, contingencia» y recogemos un retrato de sus efectos.
Aquello que se ve
son vides.
Secos abrazos de estacas,
empalizada de viento.
Beben
de un suelo
agrío de nieve,
donde espera marzo
a licuarse en tus ojos.
No mires aún,
que todavía es otoño.
Cuando nos preguntamos qué es eso de la escritura, de la palabra, de la poesía y no sabemos qué o cómo contestarnos y ella, la poesía, nos contesta con lenguaje, con textura, con comprensión, murmullo, veracidad y nos hace decir lo que no se puede decir y entender lo que no se puede entender, qué podemos hacer salvo dar las gracias.
Este libro provoca el agradecimiento, al lenguaje, a la intimidad objetiva y limpia que nos permite ver, sentir, entender un frío que es tan difícil de decir: porque aquí no se dice exactamente, aquí toma cuerpo, produce, convoca.
¿Para qué la escritura? Para libros así.
¿Y si nos equivocamos al huir?
Si ya estamos aquí
vamos a dejarnos anegar
por el espanto.
Yo creo, Madre,
que si nos sale por los ojos
ya no querrá jugar con nosotras.
Dicen,
que le divierte el desconcierto,
que si cedemos al frío
el olvido soplará desde el interior.
Respirarás tú,
respiraré yo
y la Montaña
velará por nosotras.
Las carpetas del hielo
La primera vez que vimos a Olga después de leer su poemario, nos contó cómo había ido escribiendo el libro desde una organización increíble, cuadernos de distintos colores para la escritura, libros concretos que habían estado latiendo, un estudio esmerado sobre la nieve, los icebergs, el hielo, un hilo musical constante en la escritura, reescritura y corrección del libro. Una forma de hacer que nos interesó como editoras y creadoras, y se lo pedimos, le pedimos que nos contase por escrito, que contase, los caminos que había ido cogiendo la escritura. El sentido del libro aparece con claridad en la repetición de su lectura, las Carpetas del Hielo cuenta el proceso y pone temperatura y sonido a la lectura del poemario.
La autora
Olga Azabal D. Plasencia 1979.
De infancia itinerante (Lleida, Zaragoza, Santander, Cáceres). Miope por hambre de letra. Con memoria de musgo y risco. Ama el viento en los pinos, los cedros y los castaños.
Es licenciada en Filología Clásica, desde entonces con alma griega.
En el 2024 fue seleccionada en el Concurso Voces Nuevas de la editorial Torremozas. Ha publicado varios relatos en El Asombrario.
En la actualidad es profesora de Lengua y Literatura en la Comunidad de Madrid.
Ilustraciones: Mar Azabal
Mar es hermana de Olga y se suma al poemario acompañando desde las ilustraciones la experiencia común que los poemas nos cuentan: comprensión, respeto y entendimiento de Un silencio blanco, con imágenes delicadas que sujetan el temblor.
Mar Azabal. D. (Cáceres 1975).
Es licenciada en Geografía y Ordenación del Territorio y especializada en archivística.
Inicia su camino como ilustradora en 2016, compaginando su vocación con la crianza de su hijo. Desde entonces no ha parado de publicar con distintas editoriales y organismos.
Su trabajo fue reconocido a nivel internacional por el New York Times y la Biblioteca Pública de New York en 2018, y ha formado parte de exposiciones colectivas como Sharjah Exhibition for Children’s Books Illustrations.
Le gusta el chocolate con naranja, las plantas, ver pasar las nubes y sentarse juntos a la chimenea.
En la actualidad reside en Toledo y está aprendiendo a vivir más despacio.
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