Poemario
Autor: Ana Meucci
Ilustraciones: de la autora
104 páginas, 13×21 cm.
Cubierta en cartulina verjurada con solapa de 10 cm.
ISBN: 979-13-991643-3-6
Edición limitada y numerada de 200 ejemplares.
Precio de venta: 15€
Agua sin voz es un libro decantado, no dice más de lo que debe y acaso a veces dice menos, seguro, de lo que puede.
bajo los párpados
reside otra mirada
una
que no reflejan los espejos
Se trata de un poemario de alta altura lírica que se enmarca en la corriente de la poesía del silencio. Un poemario de exilio, pero no solo, un poemario que susurra bajito, pero contundente. Primer libro de poesía de Ana Meucci, venezolana radicada en Madrid que es como lo que escribe, ligera, torrente, sorpresa. Es difícil, dificilísimo hablar de un libro que es radicalmente poético, porque lo único que uno puede hacer es leerlo y, al hacerlo, se explica su potencia.
Con seguridad es imposible reducirlo a un tema, porque trabaja con un lenguaje tendente a la abstracción, que provoca amplitud, haciendo a ratos pie en un mundo conocido y extrañándose de éste, quizá.
cuelga el océano
el lado umbrío de la carne
cuelgan nuestros ojos en una foto que envejece
pasto de polillas
las caras de piedra y marfil cuelgan igual
cómodas en la pared
ignoran esos seres que fuimos, que no somos
la querencia de los árboles
que intentaron seguir nuestros pasos
y solo enmudecieron
Dice Natalia Litvinova en su prólogo «Agua sin voz de Ana Meucci es un libro cincelado, de compleja evaporación, denso en su belleza. Se entiende, entonces, la elección de un lenguaje mínimo: no hay épica capaz de adornar la pérdida. Cada poema parece haber sido trabajado como una superficie sensible, donde importa cada sonido, cada eco. Los textos sugieren un recorrido, y por eso la poeta cuida el ritmo como quien cuida el agua en medio del desierto.Así construye una geografía subjetiva hecha de restos, roca, sal, cuerpos, memoria. Una naturaleza trastocada y, por momentos, anonadada frente a las decisiones humanas.»
no es tiempo
aquello que da forma
a una ruina
Cada palabra es exacta, ocupa en el blanco de la página un lugar concreto, sube o baja, con el poema céntrico, como una coordenada. Rompe el blanco únicamente para ampliarlo.
busco algo
que cuente del eco
que atestigüe
la forma herbácea de los sismos
que narre el pulso que empuja
las costillas hacia afuera
ese ánimo navío
inserto entre los músculos
alguna espiga
algo de grano
en estas huellas
No hay lección ni se pretende, tan solo mirar con detenimiento, mostrar el derrumbe, la distancia. Se repite la casa, los vacíos, orfandades e intemperies, como si la poeta supiera o más bien, porque la poeta sabe, que las paredes contienen mundos enteros pero el agua cabe por cualquier recodo, llega, insiste y erosiona. Se repiten las piedras.
limpiamos la casa
para sentir que se cae menos
devolvemos transparencia a los cristales
color a las paredes
hablamos de que hay que hacer
algo con las termitas
entre los pasillos
y el zaguán
se acumulan orfandades
dentro sucede un derrumbe
afuera
se agachan las piedras
Acaba Natalia Litvinova diciendo (y coincidimos totalmente): “Todo Agua sin voz se lee como un único aliento, dividido con precisión en cuatro partes. Un aliento que no se desborda, sino que avanza recogiendo raíces, torsos, piedras. No busca rescatar una geografía precisa ni reinventarla. Propone, más bien, sentir el desplazamiento, hacer con las palabras una casa provisoria.”
De alguna forma esta casa de escucha se ha hecho de papel y la voz de Ana Meucci merece poder leer entre las manos este Agua sin voz.
pasaron eras
de hielo, de pólvora, la era inacabada del uranio
y nos veo, ovillos minúsculos
de papel mojado
latiendo
La autora: Ana Meucci
Ana Meucci (Caracas, 1978) Ex arquitecto, arquitecto, fotógrafo.
Repartida entre la serenidad distraída de Madrid, la compañía de las piedras de Toscana, y la visión a contraluz de los yagrumos de Caracas. Y entre otras ciudades, visibles e invisibles.
Actualmente realiza un doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid.
Por aquello del pan, se dedica al diseño interior.
Ilustraciones:
De una manera completamente orgánica las ilustraciones, creadas por la autora, delicadas y precisas, acompañan al texto. Una línea de horizonte, un pequeño pez, el color, los silencios, funcionan dentro de la misma sensación de universo que los poemas, ocupando el blanco de manera indicativa, señalética.
¡Preventa! En librerías a partir del 7 de septiembre. Si en la librería no nos tienen, ¡encargadnos! En Piezas Azules preferimos que los libros se compren en librerías independientes: son gracias a ellas que hemos conocido grandes libros y son ellas las que nos saben cuidar.
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